La alegría está sobrevalorada. Al menos esa impresión me da ante la lluvia que no ha dejado de justificar esta renuencia mía a salir de casa.
Y sin embargo allá está el mundo que se mueve, aquí mis temores y mi incertidumbre, que se rehúsan a creer que todo sea cuestión de estar como unas putas castañuelas. Estoy aquí, a pocas (no sé cuántas) cuartillas de terminar la estúpida tesis, la eterna tesis. Toda una crisis existencial por sí misma. Entonces, y de la nada, me he puesto triste. Así, redonda e injustificadamente triste.
Paralizada como un chihuahua mojado y patético. Cada vez más redonda, a fuerza de negritos y papas...
La casa se ha llenado de moscas.
Y sin embargo allá está el mundo que se mueve, aquí mis temores y mi incertidumbre, que se rehúsan a creer que todo sea cuestión de estar como unas putas castañuelas. Estoy aquí, a pocas (no sé cuántas) cuartillas de terminar la estúpida tesis, la eterna tesis. Toda una crisis existencial por sí misma. Entonces, y de la nada, me he puesto triste. Así, redonda e injustificadamente triste.
Paralizada como un chihuahua mojado y patético. Cada vez más redonda, a fuerza de negritos y papas...
La casa se ha llenado de moscas.