"Tú me decías: esto es el amor en su forma más pura. Y yo, no sabes (¿o sí?) cuánto me esforcé en creerte; pero nunca ví más que una convivencia desnuda. Algo, supongo, tuvo que ver la intermitencia del asunto...algo tendrían que ver las -siempre ausentes- manifestaciones pueriles de ternura. Porque sin todo eso, lo que tú te empeñabas en llamar relación -sobre todo cuando desaparecía de la noche llevada por otros- para mí era un uso crudo de mi cuerpo, y qué joven era entonces mi cuerpo. Sabes, una rara transacción de mis tristezas aplanadas contra tu sabiduría. Hombre, yo te creía.
'Eso no es necesario', dijiste tantas veces. No lo era ni la pasión de mis palabras ni los ojos del mundo sobre nosotros. 'Nosotros' no era necesario. Era más bien una palabra que compartías con una mujer que usaba un anillo idéntico al tuyo. ¿Qué le iba a hacer entonces? ¿Qué me quedaba sino la huida?
No vengas a decirme nada. No vengas a decirme que algo tuvimos y por dios, no te justifiques. No te odio, no me diste tiempo; pero déjame con el que arriesgo, con el que duele, con el que se atrevió a apostarle a mi inconstacnia. Déjame con el primer 'nosotros' verdadero de mi vida.
No estás viejo porque me lleves quince años. Lo estás porque ya no puedes creer en nada. No estás viejo, querido, estás muerto."
No vengas a decirme nada. No vengas a decirme que algo tuvimos y por dios, no te justifiques. No te odio, no me diste tiempo; pero déjame con el que arriesgo, con el que duele, con el que se atrevió a apostarle a mi inconstacnia. Déjame con el primer 'nosotros' verdadero de mi vida.
No estás viejo porque me lleves quince años. Lo estás porque ya no puedes creer en nada. No estás viejo, querido, estás muerto."
