lunes, 1 de febrero de 2010

Memento barato

Vi la foto y recordé todo: el mar era tan inocente y la felicidad tan absoluta, con cada caguama y cada fumada de no sé qué.

Yo era bastante joven hace dos años. El mar era mío y me curaba de todas las ausencias imaginarias. No había algo que no pudiera tolerar entonces, nada que detuviera las sensaciones aleatorias que me acosaban.

No sé; soy una profesional de la nostalgia. Puedo añorar esas gafas y esa arena que se me quedó en las orejas dos semanas después de regresar, aunque me haya quedado sin dinero y durmiendo en una tienda con seis extraños (que incluían una noruega deprimida y muda).

Ya no creo que haya sido mejor entonces, sólo que mis elecciones me han llevado a lugares extraños, que nunca pretendí conocer.

Ha sido un par de buenos años. Sólo que en noches como esta, me da por creer que yo no soy yo, que mi esencia se diluyó entre la seguridad y los kilos extra. Todavía me quedan las pesadillas.