miércoles, 30 de octubre de 2013

Me dijo que Romeo y Julieta no eran de este planeta =)

domingo, 27 de octubre de 2013

Don't say

Creo que me lees. Aquí, me refiero. Y bueno, no eres el único que recurre a la clásica movida de hacerse pato. Lo he hecho desde que empecé a sospechar, hace cosa de un año, porque no te voy a dar el gusto de interrogarte directarmente ¿Quién te crees que eres, querido stalker? Lo que he dicho aquí son cosas que son y no son para ti, este el santuario público de mis secretos. Soy como un exhibicionista que se cubre la cara, pero muestra su cuerpo desnudo a los desconocidos. Heridas, gozo, está todo aquí.

Sigo pensándote mucho, sufriéndote a ratos. Cada vez un poco menos, cada vez más feliz de vivir. Gracias a mí, pero también un poco gracias a ti, porque en tu incapacidad de quererme como yo necesitaba me dejaste libre. Libre soy y libre he sido, qué cosa más bonita ha sido tratar de olvidarte en aviones y trenes, en mares desconocidos, calle arriba y abajo por Madrid, conduciendo un auto a toda velocidad para sentir que vuelo, empujándome una botella de alcohol por la garganta, llorándote a solas y a gritos en el coche. ¿Has sufrido por amor? I know you did. Entonces sabes cómo es. Querer desaparecer y estar más vivo que nunca, vaciarte por completo, renegar y buscar, suplicarle al cielo, como yo lo hice, que tuvieras piedad y me dijeras, aunque sea, que estabas bien. Esa noche lo supe. Supe que esto estaba muerto antes de ser. Me condené a mentirte, porque tuve qué preguntarle a él qué era lo que pasaba, sabiendo que sabrías. Y me quedé, y esperé hasta que las fuerzas para quererte se me secaron. Sólo entonces me fui y ves, que no puedo estar contigo a solas sin querer hacerte el amor como si me fuera a morir la hora siguiente.

 Qué poco importa ahora, qué distinta me siento. Qué lujo sigue siendo respirar.


martes, 22 de octubre de 2013

¿Qué te parece si somos libres? ¿Si dejo de pensarte y un día cualquiera nos encontramos y empezamos de nuevo y no me enamoro nunca de ti?

jueves, 17 de octubre de 2013

¿¡Cómo puedes tener tan buen gusto en música y tan pésimo gusto en viejas?! Carajo, y yo sintiéndome acá bien especial.
Perdona por el stalking. Pero, si declaras que el amor de tu vida es una persona que públicamente declara ser fan de los productos de Mary Kay, el problema, claramente soy yo, por no dedicarme a la venta por catálogo en mis ratos libres. My bad.
Si hubiera una poética de mi vida, no tendría que ver con los ganadores. Al menos no en lo sentimental, porque en todo lo demás he sabido hacer lo que me viene en gana.

Yo siempre pierdo. A mí me han roto el corazón desde que me enamoré de Miguel Ángel en la primaria y soñaba con una repentina declaración de amor desde los seis hasta los doce años. En balde, desde luego, porque yo sospechaba que a Miguel Ángel le gustaban las niñas con el partido derechito y el pelo lacio. Sospechaba bien. Mis rizos indómitos y alocados, que para las doce del día ya habían roto con la opresión de la trenza, no parecían compatibles con la imagen de una niña bien portada, dulce y agradable, que no tuviera las manos demasiado grandes y toscas para su reducida estatura.

En el momento mismo de mi creación, fusión de adeenes, se perdió la información para coquetear. A cambio, me dieron una memoria casi eidética, que he ido minando a base de alcohol y determinación, una cabeza para entender de derecho fiscal y llorar con poemas de Benedetti y unos genes caribeños que nomás salen cuando estoy borracha. A los hombres los perdí desde que fui yo misma, porque encima me criaron con 5 varones que aprendí a ver como mis semejantes, no como títeres manipulables o posibles proveedores de caprichos.

Mi desgracia fue pensarlos como personas. Sigo creyendo que lo son, pero que no buscan personas, sino mujeres, y yo no soy mujer, nomás soy yo. No entiendo las sutilezas del control o del chantaje, no sé cómo negar cuando me muero por dar y se me nota a tres kilómetros cuando alguien me agrada. Tal vez porque la humanidad me incomoda tanto en lo general, que cuando uno de ellos me parece tolerable o más extrañamente aún, deseable, es imposible no darse cuenta de que bajé el puente levadizo.


Y a lo mejor por eso, cuando quiero, quiero de veras y no me ando con pichicateces. Si yo te quiero, me tienes toda, en las buenas, las malas y las peores, a 9000 kilómetros, enfrente, no importa. Yo estaré por ahí, pensando en cómo hacerte feliz, en qué puedes desear de cumpleaños con ocho meses de anticipación. Suena demasiado, pero así soy. A nadie le ha alcanzado, por cierto. Mi amor más salvaje despierta una simpatía irritante, en muchos de los casos. En tu caso, pa' pronto, porque igual mi ex marido fue otra cosa.

Todas las cosas buenas que me han dicho que tengo (simpatía, inteligencia, buen humor, ternura, etc) parecen una broma en comparación con la manipulación vil y barata de cualquier coatlicue. Porque estoy ahí, dando, pidiendo poco, esperando quién sabe qué.

Y ¿sabes qué? No quiero cambiar. No pienso hacerlo. No voy a mercantilizar mi capacidad de querer y cotizar en bolsa, porque de todas las cosas en el mundo el amor sigue siendo lo único que no se gasta con las revolcadas. Yo no sé si todo esto es un espejismo creado a base de mi baja autoestima, pero me niego a creer que amé tanto a alguien nada más porque no puedo amarme a mí misma. 

Para mí tú fuiste the one and only. Yo, para ti, una compañía intercambiable y sustituible por la fan en curso. Vale. Y a ver cuándo alguien en la vida, te vuelven a querer tanto. Más concreto: a ver cuándo una mujer tan lista, vuelve a quedar como pendeja contigo.



...a final de cuentas, sí, la vida es más linda cuando estás y me miras y me haces reír y me humedeces de lejos. Por eso te quiero. Pero nada es tan simple y mi querer es algo que se queda solo, te mira de lejos. Ahora más lejos, porque yo así quise y tú no me dijiste que me quedara. Nomás no basta, yo sé que no y por eso no cruzo la puerta, porque ya no tengo el discurso fácil ni el disimulo. Ya sólo queda esperar a que la calma no sea mentira y nos encontremos otra vez, sin cuchillos ocultos y sepamos que las astillas de la colisión se las llevó el viento. Que yo sepa, sobre todo, darte solamente lo que tú me has dado. Nada más.
Si parto desde cero, podré hablar de mi parálisis para escribir. Necesito escribir. La tesis, este blog, mi novela, mis cuentos. Los últimos más inciertos, pero tal vez más necesarios. También quiero terminar la tesis, es cierto, porque de ahí a lo mejor comemos todos.

Me gusta Cerati, justo ahora. Siempre es hoy. Luminoso, amarillo, sin delirios. Posible. Carajo. Llevo un año debatiéndome con lo imposible. Más, quizá. Un poco más. Cada cierto tiempo me revelo una verdad. Hoy ha sido: me equivoqué contigo. Pensé. Creí. Cosas tuyas y mías, igual de revueltas, igual de insensatas. Quizá te pueda querer en abonos, pero me siento como un pájaro mojado en la lluvia cada vez que te desapareces. Te he querido sin reparos, sin peros. Tú me has querido a veces, y no tanto, para ser precisos. Porque te vas siempre y me dejas ambicionar, no me detienes. Hasta que un día llega en que de pronto necesito que seas y no estás, estás soñando con princesas improbables, imágenes que construiste sin mi, antes de mí, durante mi ingrávida presencia. Y yo pensando, no sé... que podía seguir, que las cosas eran suficientes como estaban, que un día te ibas a dar cuenta de que seríamos mejor de lo que tú crees que podría ser.

Me quedé atravesada. Me duró la tristeza de no decidir nunca. Tengo ganas de hacer las maletas, de no buscarte más. Muy en concreto, de dejar de anidar contigo en esas tardes que le das al olvido. Te dejo. Mil veces te dejo. La incertidumbre me quema, me entristece y luego soy alguien que no puede decir ni lo esencial, ni lo aburrido, porque estoy demasiado abrumada, preguntándome, cómo es que no me quieres si podríamos querernos tanto.

Ya lo he dicho. No has respondido gran cosa. Que seremos lo que yo quiera, que ya lo sabía yo. Ajá. Te lavaste las manos pues, como a quien le quitan un platito adicional de dip de queso. No es ninguna tragedia. Tú tenías ya todo lo que podías querer, y en una de esas te embarrabas por el queso extra. A ti qué chingaos, pues.

No esperaba una escena, es verdad. Tampoco te pedí un último abrazo, como las otras veces. Todo lo que quería es que te fueras de mi único espacio en cuanto acabaras tu comida. Me mata. Empezar a extrañarte y saber que los chistes ya no serán tuyos, que ya no quiero esperarte nunca. Que tarde o temprano voy a encontrarme frente al espejo y me voy a desconocer, porque de alguna manera te llevo. Te llevo siempre, como el taxista. Pinche súper modelo ¿qué te importa? Es eso. No te importa cuánto te quise, cuánto te quiero, que yo hubiera volado al fin del mundo si tú me dijeras que me extrañas. Que me necesitas de algún modo, ahí contigo.

No te importa, tú lo sabes y yo lo sé. ¿Para qué andarnos con cuentos?

En el peor de los casos yo seré como un bien fungible. En el mejor, me extrañarás un poco. Nada de eso me sirve. Nada de eso, si me permites opinar, nos sirve.