miércoles, 16 de octubre de 2024

2024

 En mi mundo siempre hay algo a punto de estallar, y esta no es la excepción. Abandoné esta esquina del internet cuando nació L. Me alegra haber regresado. Hay algo muy reconfortante en volverme a encontrar, en leerme enamorada y terriblemente joven. Aunque lúcida, eso debo reconocerlo.

Recuerdo haber estado una mañana de domingo platicando con A, muy segura de que el amor que tengo para dar no es para una pareja, sino para un hijo. Tuve dos. Y esa certeza no fue equívoca, desde que soy madre siento que el amor que tengo tiene su cauce en la vida de mis niños, que en ellos tiene lugar todo lo bueno que tengo para dar, y lo malo se pone en un lugar del que es imposible apartar la mirada, porque tengo la urgencia de resolverlo para ser una mamá mejor, más digna del milagro de mis bebés.

Suena...híjole. Demasiado, quizá. Pero es honesto. Es el sentir más honesto de mi existencia. Siempre pienso: si un día me leen mis hijos, sepan que los amo más allá de las palabras y que venero su existencia, aunque a veces pueda darles tan poco.

Pero sepan también que incluso en mis momentos más débiles, en las migrañas y las crisis de agotamiento y dolor, pienso en cómo transformar la experiencia para mostrarles un pedacito más de la existencia humana, para hacerles más compasivos, más capaces de afrontar el dolor y la incomodidad, inherentes a nuestra condición mortal.