La página en blanco, otra vez. Con estas arañitas correteadas, queriendo esconderse de los ojos que les den algún sentido porque, oh, sorpresa, así como sentido, no tienen.
Hice un experimento. Traté de probarle al mundo (y a mi madre y a mi casera y a la abuela de mi mejor amiga de la primaria) que puedo vivir con noventa y cinco pesos semanales, lo cual implica, por cierto, dejar de pagar superfluidades como renta y servicios.
Tardé exactamente ciento cincuenta y ocho días en encontrar mis cosas en la calle; por suerte, era enero y no llovía. Podría pensarse que una desempleada sin hogar es una persona tendiente a la depresión. Bueno, la cosa es que no es posible llevar dignamente la depresión sin un litro de helado por lo menos, así que ni siquiera podía darme el lujo de deprimirme. La verdad es que tampoco quería trabajar; después de diez años seguidos de talacha, como que la güeva huele mejor. Al menos por un tiempo. OK, mi resolución no tenía sentido, era irresponsable y además pendeja. Pero yo quería huir de los mostros, sí, mis propias abominaciones con ortografía incompleta. Después de la literatura, la vagabundancia. A restregarles a esos propios que la neta sí me iba a morir de hambre.
Aguante, señorita. ¿Cómo dejarse caer así, por el lavabo de las cosas? No sé si te das cuenta de lo jodida que te ves, hay que levantarse, volver a dormir en blandito. Yo ya me cansé de lidiar con tanto nihilismo baratón. ¿No tienes perdida entre tus chácharas, alguna otra respuesta?
Mi conciencia (o la otra loca que vive en mi cabeza) empezó a ser un severo fastidio la primera noche que pasé en la Dama, esperando la migración hacia el próximo lugar de abrigo. Había considerado la opción de meterme a un hostal, pero podía quedarme demasiado dormida si me descuidaba.
¿Y si me iba a vivir a un aeropuerto? Demasiadas pelis, no, aparte ¿cómo diablos iba a comer ahí, si todo es tan caro?
Vámonos a casa, esto ya duró más de lo necesario. ¿Cómo se te ocurre hervir café con mota? Creo que ni cuenta te das, te estas muriendo de hambre.
Diablos, me había perdido. Entonces llegaste a salvarme. Otra vez.
No vuelvas a dejar tus medicinas. Luego andas por ahí, inventándote historias sin salida.
Jo, no no no. A broken leg is what you have, squizo is what you are. So I am, so I am...