Hay que ser masoquista para no soltarte...tiempo, tiempo y sigues siendo un clavo ardiente. El vacío me tienta, con su cálido olvido.
Supongo que habrás de borrarte, querido lobo, la gala de oveja no alcanza para esconder tus garras, mis heridas. No esperes justicia de mí. Sólo me queda el rencor para salvarme de sufrirte.