viernes, 11 de diciembre de 2009

Chale

O santa cachucha, no sé. Esta semana, pa' no variar, ha sido un congestión de odios y estreses varios y terribles. Y de hueva. Y vale madre, ¿no?
Me siento en una canción de Molotov. Barata, grosera, odiosa y llena de razón. De razón sobre cosas ultra-archi-mega pendejas. Sobre oficios sin corregir, circulares tardías y estupidez ajena, que nomás hace más evidente la mía.
A uno le enseñan a minimizar sus penas. A los burócratas -como tengo el deshonor de ser-, más que a todos. Porque no tenemos chiste, trabajamos entre puros pinches papeles aburridos, nos vestimos mal y para colmo nuestro salario viene de los impuestos (cuando nos pagan, of course). Entonces ¿de qué se puede quejar, válidamente, un burócrata? ¿Del jefe que ya está perdido para el mundo y sus esperanzas gracias a su autismo-megalomanía? ¿De las compañeras que tienen el doble de tu edad, la mitad de tu preparación , el triple de tu sueldo y el cuádruple de tu ineficiencia? No sé. Los burócratas nunca han tenido el derecho a quejarse.
Entonces no vale encerrarse en el baño a chillar por la cajetiza más inmisericorde e inmerecida de la vida. El show se acaba el viernes y ya. La demás gente sí tiene problemas reales, hijos, tesis, novelas, depresiones, parientes, todos más importantes que cualquier mamada que haya podido pasar entre ocho y tres (en mi caso, entre siete y media y once... de la noche).
Las tormentas en conitos de papel son eso, no importa cuánto te hayan hecho desear romper a batazos dos tres vidrios. Y no importa que la renta salga de tu bolsillo... tus preocupaciones son pendejadas y se acabó.
Evidentemente, soy una persona detestable.
Y, sí, una pinche burócrata con pedos de redacción.
A la verga, es viernes ¿ y qué? hoy sí me puedo poner una peda.
Amén...

viernes, 4 de diciembre de 2009

Debería tener un blog emo. Me siento chiquititita ahora, como que la chamba y yo no somos compatibles después de todo, tal vez debería probar otra cosa... na. Me gusta el varo, la estabilidad, el reto.

Lo que no me gusta es esta sensación de monocromo y pérdida total de la infancia sin reembolso. No sé qué día del mes es hoy, pero puedo culpar al antibiótico (cariño, no soy yo, son todas las madres que me meto). Mi depre química apenas empieza y son las ocho y media de la mañana. No hay tos: normalmente se cura con más puto estrés.

En días como hoy extraño ser mesera. Por lo menos no toda la gente allá te hace jetas espantosas, o, ya de jodido, no son las jetas de diario. Estoy cansada y friolenta y es diciembre y el mundo es feo y yo soy tan correcta.

Quiero otro tatuaje.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Quizás sea un poco feliz ahora. Por un rato, en esta pequeña burbuja donde mi confort es sólo mío...

Afuera hace frío. Puede esperar, mientras danzo en pijama y me imagino que no dolerá.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Hay gente en este edificio que no soporta pensar que fue concebida por gente que no terminó la primaria, o que antes de usar camisas de mil pesos en este trabajo pretencioso y pedero tuvieron que servir café o empacar cosas.


Hoy, esas penurias (y más que las batallas, el soundtrack) me ayudan a recordar quién soy, que no nací aquí, que no pertenezco... que siempre sabré tocar el piso.


Ahora voy a hacer esa pinche reclamación.

Es tan extraño...qué normal soy, con este odio a mi gremio.