Hace muchos años tuve un amigo escritor, que me prestó un cd: era el soundtrack de Million Dollar Hotel.
Creo que ya no tengo uno solo de los sueños de entonces, cuando corría por esta ciudad torcida pensando en lo fascinantes que eran todos, por atreverse a vivir en la fantasía que alimenté secretamente en un pueblo frío.
Ahí los dejé a todos, incapaz de realizar nada, por miedo a romper las pocas articulaciones que me quedan, las cosas luminosas que serán silencio para siempre. Volví a la realidad de lo conveniente, de lo que se queda un tiempo y se hace polvo. Y está bien, porque acá no se pasa frío ni hambre, pero tampoco vino ni poesía (que ignoro en su mayor parte). Sólo quedan los símbolos gastados de un pasado extraño y ambiguo, como el CD...