Tal como lo sospechaba, el día después de la quema final de puentes hacia mis dramas, iba a quedarme de frente con mis ojos de espanto en el espejo. Algo que he evitado, concienzudamente, desde que tengo 15 años.
Life is fucking weird. Bueno, la mía. O la de todas las mujeres que, primero viendo Disney y luego con Bridget Jones, cultivamos la creencia de que all you need is love and by love I mean un hombre que te trate como reinita. La vida se vuelve rara, porque te acostumbras a vivirla viendo a otro, a pensarte frente a un otro que es siempre igual pero distinto, que, a veces sin saberlo y otras entendiendo todo, se vuelve el eje de tu vida, desde las bragas hasta el corte de pelo, pasando por decisiones de carrera, cambios de Estado (o sea, mudanzas de pánico a 400 kilómetros, lo menos) y consumo de enervantes (o sea, chocolate, otros hombres y un largo etcétera). Por lo menos yo, he escrito, pensado y bebido sobre mis hombres desde que Miguelito me jalaba la trenza en segundo de primaria. Bueno, tal vez no bebía demasiado antes de los 16, pero la frase sonaba bien cuando la pensé.
Y podremos especular mucho sobre la naturaleza gregaria de la humanidad, pero la verdad es que no me he muerto en este par de años fuera de mi papel de mujer de hogar. Tampoco se me secó el cerebro o alguna otra parte del cuerpo. Claro que estar jugando a la otra me tenía muy ocupada como para darme cuenta de que en realidad estaba sola. Mi hombre prestado me hacía suficiente desmadre en la cabeza como para no tener qué pensar todo el tiempo en quién diablos soy yo y qué quiero hacer de mi vida.
But, here I am. Sin saborizantes ni colorantes artificiales. Cansada de a madres. A dos rayas de los 30, a punto de resignarme a ser adulta, a mi singularidad y todavía no sé si esa una victoria para mi personalidad de avestruz o de plano significa otra cosa. Alguna de las que me dicen, inarticuladamente, mi madre, la cultura pop, mi kafkiano ambiente oficinesco, en las que va implícita la insinuación de que si mi cama y mi útero siguen vacíos, soy un ser humano irremediablemente perdido.
Pero ha de haber un truco por ahí. Las historias de amor que conozco de primera mano, son muchas veces crónicas de muertes anunciadas, amores coléricos, o repeticiones mareadoras de episodios aburridísimos.O sea, happily ever after my ass.
Puta. Esto está a punto de convertirse en un post ardilla contra el amor y sus demonios. Y sí, se acaba de morir García Márquez y me paso de lista. La verdad es que no sé. No me como los cuentos...los escupo, la mayoría de las veces. Cada ser humano está irremediablemente solo. Y eso no está mal. No tengo las soluciones, sólo los cuentos. Quizá debiera deformarlos. Quizá debiera escribirlos.