domingo, 22 de marzo de 2009

She's lost control

La página en blanco, otra vez. Con estas arañitas correteadas, queriendo esconderse de los ojos que les den algún sentido porque, oh, sorpresa, así como sentido, no tienen.

Hice un experimento. Traté de probarle al mundo (y a mi madre y a mi casera y a la abuela de mi mejor amiga de la primaria) que puedo vivir con noventa y cinco pesos semanales, lo cual implica, por cierto, dejar de pagar superfluidades como renta y servicios.

Tardé exactamente ciento cincuenta y ocho días en encontrar mis cosas en la calle; por suerte, era enero y no llovía. Podría pensarse que una desempleada sin hogar es una persona tendiente a la depresión. Bueno, la cosa es que no es posible llevar dignamente la depresión sin un litro de helado por lo menos, así que ni siquiera podía darme el lujo de deprimirme. La verdad es que tampoco quería trabajar; después de diez años seguidos de talacha, como que la güeva huele mejor. Al menos por un tiempo. OK, mi resolución no tenía sentido, era irresponsable y además pendeja. Pero yo quería huir de los mostros, sí, mis propias abominaciones con ortografía incompleta. Después de la literatura, la vagabundancia. A restregarles a esos propios que la neta sí me iba a morir de hambre.

Aguante, señorita. ¿Cómo dejarse caer así, por el lavabo de las cosas? No sé si te das cuenta de lo jodida que te ves, hay que levantarse, volver a dormir en blandito. Yo ya me cansé de lidiar con tanto nihilismo baratón. ¿No tienes perdida entre tus chácharas, alguna otra respuesta?

Mi conciencia (o la otra loca que vive en mi cabeza) empezó a ser un severo fastidio la primera noche que pasé en la Dama, esperando la migración hacia el próximo lugar de abrigo. Había considerado la opción de meterme a un hostal, pero podía quedarme demasiado dormida si me descuidaba.

¿Y si me iba a vivir a un aeropuerto? Demasiadas pelis, no, aparte ¿cómo diablos iba a comer ahí, si todo es tan caro?

Vámonos a casa, esto ya duró más de lo necesario. ¿Cómo se te ocurre hervir café con mota? Creo que ni cuenta te das, te estas muriendo de hambre.

Diablos, me había perdido. Entonces llegaste a salvarme. Otra vez.

No vuelvas a dejar tus medicinas. Luego andas por ahí, inventándote historias sin salida.

Jo, no no no. A broken leg is what you have, squizo is what you are. So I am, so I am...

viernes, 13 de marzo de 2009















Y supongo que todo, absolutamente todo fue mentira...

Gracias.

domingo, 8 de marzo de 2009

Old...

Estas son horas de gente perdida. Llegar, desnudarte y asomarte al vacío de la red, saciándote con tu propio eco. El mundo duele más de madrugada.

Yo tenía diecisiete años la primera vez que mis hermanos me llevaron a un baile. Mi papá no quiso que saliera antes porque a mi hermana mayor la embarazaron en la feria a los quince, y hasta el responsable terminó siendo una boca más de las que don Luz mantenía.

Me esfuerzo en recordar lo más sórdido de las personas; me gusta la desgracia ajena, los miedos, las filias. Con las luces encendidas, los otros enmudecen y me dejan a solas con mi lado oscuro.

No supe cómo, pero poco a poco me atrajo hasta el lugar del sacrificio. Él era un muchacho apuesto y fornido, todo colonia y chamarra de cuero; yo sabía que no estaba bien, pero no cesaba de subirme al auto. Desde ese momento empezó mi desgracia: el miedo paralizante de perderlo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Random

No sé no sé no sé no sé no sé no sé no sé. Pinche tortura, pinche vida. Debí sospechar que algo andaba mal desde que tuve que dejar de cenar afuera de la Dama.

jueves, 12 de febrero de 2009

Ahora resulta...

  1. Que aparentemente, el amor verdadero existe (ajá, y no estoy diciendo que yo esté en la linda historia).
  2. Que no me van a correr de este trabajo (aún).
  3. Que mis amigas de secundaria no me han olvidado (snif, snif, pero ¿nueve años? gimme a break!)
  4. Que soy una atention hooker.
  5. Que mis cuatro kilos de más ya me hicieron merecer piropos incómodos (gracias, amables integrantes del servicio de limpia municipal).
  6. Que no soy capaz de hacer una síntesis histórica (por más que yo diga que no explicó bien como quería ese pinche resumen).
  7. Que quieres un tiempo (asombro ojiabierto y perplejo, si no es que pendejo).
  8. Que no sabes cuánto, en serio cuánto te pinche amo.
  9. Que la perra ya no me quiere (la mascota, aquí no hablamos de parientes, ok?)
  10. Que escribo entradas con puntos, como si quisiera poner en este blog todo el orden que no tengo en mi cabeza.

Y sí, que soy una pendeja (plagiando una vieja entrada de la Princesa), y que no entiendo cómo se mueve el mundo, porque otra vez me tiró con sus pinches vueltas. Y que, neta, no me hago. No tengo muy desarrollado el arte de fingir. En realidad no sé que pasa.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Reglas infalibles para triunfar en cualquier trabajo de oficina

Después de varios años de leer la Cosmo en busca de las respuestas a las preguntas fundamentales en la vida (como amarrar un buen marido, ser rica y tener un trabajo chingón por el que te paguen una millonada y que sólo implique trabajar tres horas), me di cuenta de que no todos los estándares pueden estar tan arriba. Algunos seres humanos -después de arduos, vanos y dolorosos intentos por ser verdaderas chicas cosmo- nos conformamos con que no nos echen a patadas de ese trabajo carente de sentido que odiamos, pero que paga la renta y las chelas. Así que, después de meses de observación y de regaños condescendientes y absurdos, he llegado a la conclusión de que para progresar -o al menos conservar- un trabajo de escritorio medianamente pagado, hay que seguir las siguientes reglas:

  1. Llega ridículamente temprano y vete lo suficientemente tarde (o sea, justo después del jefe). No importa si no estás haciendo nada relacionado con tu trabajo, parecerá que siempre tienes un estresante e importante proyecto en curso. Tus aportanciones al mundo del ocio en internet crecerán exponencialmente.
  2. Evita cualquier expresión que denote que no eres un mueble. Esto tal vez únicamente aplique en el caso de los jefes a quienes les molestan las funciones vitales ajenas. En la burocracia hay miles (no sé si en la fabulosa y salvaje IP sea distinto).
  3. Procura enterarte de los chismes. Normalmente tienen información más precisa que cualquier memo.
  4. Si descubres que tu jefe es un gay de clóset con gusto por los jovencitos hazte a la idea de que nunca podrás obtener un ascenso o al menos un contrato de seis meses gracias a tus encantos -más vale que entregues esos reportes bonitos y a tiempo.
  5. No parezcas más eficiente que los demás sobre todo si lo eres. Algunas personas darán por hecho que eres una pretenciosa intelectualoide, y eso no es nada bueno si dichas personas de hecho desconocen el significado de "pretenciosa intelectualoide".
  6. La aprobación de tu trabajo no depende de su calidad, sino de la del café que prepares, entre otros factores. Las peleas matutinas del patrón con su esposa son otro importante.
  7. Jamás expreses felicidad, la mayoría de los jefes no la soportan, y en verdad, harán cualquier cosa para quitarte esa sonrisa post coito de la cara.
  8. No llores. Este punto es en serio, y de hecho, lo he visto como en treinta y seis artículos de la Cosmo. Más que por dignidad, por el hecho de que se rumora que los jefes amargados hacen martinis con las lágrimas de oficinistas indefensos.
  9. No te tires a la nómina, salvo si tienes planes concretos para ese Mercedes o necesitas un ingreso extra.
  10. Conserva una profesión alterna, en estos tiempos de recortes de personal a lo bestia, nada como tener habilidades todoterreno. Un tip: hay que pensar en todas aquellas ocupaciones cuyos servicios serán requeridos por la humanidad así se esté muriendo de hambre: puta, mesera, bar-tender, plomero, masajista exótica, dealer.

lunes, 2 de febrero de 2009

Piratas

A veces extraño ser la escuincla flaca de hace nueve años. No sólo por lo flaca , sino también porque cuando tenía catorce años no sabía que iba a terminar como uno de esos perros que persigue coches (yo, de vocación felina).

Ayer alguien me dijo que soy capitana de un barco pirata, porque ando por los mares sin ruta, nada más pendiente de lo que puedo abordar, gastándome el tesoro en una peda -esto es inexacto, también compré un montón de cosas superfluas- sin un plan, ni siquiera un sueño en concreto. No sé si esa persona me describió, me insultó o intentó un halago, pero tiene -y odio que así sea- un chingo de razón.

Hoy lo escribo, sin tener una idea precisa del motivo de mi exhibicionismo: no tengo una meta en la vida. Por supuesto, hay miles y miles de cosas que quiero hacer, que me gustan, que me motivan, pero mal que bien ya llegué a ese bello punto en la vida en que uno nada más está esperando a qué hora se muere. Vamos, ni voy a escribir nada que en verdad me comprometa -porque soy bien floja-, ni voy a correr a salvar al mundo -porque soy comodina y miedosa-, ni voy a convertirme en lo que mi madre siempre quiso que fuera-porque no, sería el colmo, tanta escuela para acabar de ama de casa, iuk-, ni voy a enamorarme tanto de un hombre como ella, porque...pues porque soy como cien veces más egoísta y mamila.

La persona que me tildó de bucanera trató de rebatir esta apesumbrada conclusión asegurando que el sentido de mi vida parece estar en la búsqueda constante de la siguiente posición más cómoda.

Mal que lo diga, porque no quería huir.