domingo, 8 de marzo de 2009

Old...

Estas son horas de gente perdida. Llegar, desnudarte y asomarte al vacío de la red, saciándote con tu propio eco. El mundo duele más de madrugada.

Yo tenía diecisiete años la primera vez que mis hermanos me llevaron a un baile. Mi papá no quiso que saliera antes porque a mi hermana mayor la embarazaron en la feria a los quince, y hasta el responsable terminó siendo una boca más de las que don Luz mantenía.

Me esfuerzo en recordar lo más sórdido de las personas; me gusta la desgracia ajena, los miedos, las filias. Con las luces encendidas, los otros enmudecen y me dejan a solas con mi lado oscuro.

No supe cómo, pero poco a poco me atrajo hasta el lugar del sacrificio. Él era un muchacho apuesto y fornido, todo colonia y chamarra de cuero; yo sabía que no estaba bien, pero no cesaba de subirme al auto. Desde ese momento empezó mi desgracia: el miedo paralizante de perderlo.

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