viernes, 22 de noviembre de 2013
Estoy impresionada. Pasa el tiempo y todavía eres capaz de romperme el corazón como la primera vez.
viernes, 8 de noviembre de 2013
I
Los cuentos, siempre lo he creído, tienen más de autobiográfico que un cuaderno de memorias. Lo que construimos para el disfraz, está bañado de las propias vivencias, que, sin el pudor de la auto incriminación, se dejan sentir como la mirada en una tarde exacta y gris, que pudiera ser la del torrente que arrasó con tu tímido barquito de papel.
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Puede ser. Sí. Que yo sea un poquito dramática de más, puede ser. Pero...si te contara. Es que suele ser muy complicado, porque nadie me entiende, nadie me agarra la onda. Yo no me agarro la onda. Es que, de pronto estoy bien y luego ¡bam! quiero que todos se mueran. Todos, sin excepción alguna. calcinados, de preferencia. Algo rojo empieza a crecer en mi centro, me quema ¿por qué no habría de abrasar a los demás?
No, no acabé en un psiquiátrico, me dan miedo, ¿sabes? Una loca de mentiras encerrada con un montón de locos de verdad. Me gusta el diazepam, eso sí. Es cool, you know? Una advertencia a los demás, una lucecita de stop. Tomo calmantes, no te pases de la raya. Soy una mujer complicada ¿te animas? El reto es para los hombres, pero también para otros humanos alrededor.
A mi narradora no le salen las novelas. Es su trauma ¿sabes? Se harta de sus personajes y casi todos terminan empastillados o muertos de alguna manera más burda antes de llegar a la segunda cuartilla. Por eso lo suyo son relatos muy cortos o estampas íntimas. Eso sí, lleva más de un año del blog dedicado a ese hombre. Pero a este no puede envenenarlo o eliminarlo con "delete". Ella quisiera, pero ¡qué va! Tuvo que afrontar el hecho, puro y simple (como ella dice, es que es abogada, discúlpala) de que no la quisieran. Al menos no en exclusiva, ni en público, ni más allá de una amistad más bien extraña. Como si semejante cosa no nos pasara todo el tiempo a los personajes de este lado.
A estas alturas me aborrece, pero no puede eliminarme sin delatarse. Sin evidenciar que tengo razón. Ella oooodia que alguien más tenga razón. También detesta que la gente escriba prolongaciones innecesarias de las vocales, es una grammar nazi, you know? Nunca ha podido soltarse lo suficiente para seguir una historia, porque todo lo que escribe le termina sabiendo a cartón. No sabe escribir, pero no puede dejar de hacerlo. Es su vicio secreto, o eso dice ella, Yo creo que más bien su vicio secreto tiene nombre y apellido y de tan recurrente ya no es tan secreto. Pero no se lo digas, odia perder el control, por más que casi se haya matado precisamente, por perder el control de su auto. El que nadie adora más que ella.
Pero te estaba contando de mí. Me gusta drogarme con diazepam, amo dormir todo lo que puedo. No es tanto como quisiera, porque tengo cierta edad y mi madre ya no me deja quedarme en casa. Hay qué ganarse el pan, me dice. Lo ha hecho desde que era una adolescente espigadita, acosada por lesbianas locales. Lo de ganarse el pan, no lo de decirme. No. Me pagó una carrera que es casi como un comodín, porque sales sabiendo prácticamente lo mismo que en el bachillerato. O sea nada. Y los que no saben nada encuentran acomodo en cualquier parte, porque no pretenden hacerle el fuchi a trabajos que "no están a su nivel". Soy abogada, pero no te imagines cosas. No sé ni cómo empezar a escribir una demanda de amparo contra una orden de aprehensión. Sólo sé que esa es la jerga técnica para lo que pasa cuando alguien te pide que lo saques del bote con un amparo. Si un día caes en los separos, no cuentes conmigo. No sé negociar ni tomé el taller de mordidas en la Facultad. Es más probable que acabe llorando de angustia si un ministerio público me pregunta cómo nos vamos a arreglar.
Entonces mejor no hablemos de mi trabajo, que tiene su escritorio, su proverbial torta de garnachas los viernes y sus amigos/enemigos que son básicamente la misma cosa. Hace unos años, estaba fascinada por las jerarquías. Ahora me centro en sobrevivir. Tener un empleo, ciertas comodidades. Te diría que tengo unas cuantas pasiones, pero no es estrictamente cierto. Es más, no es ni un poco cierto. Yo quiero ser feliz, pero no tengo idea de dónde quede el camino amarillo. ¿Te dije que mi mamá no me dejó casarme bien? Yo no insistí demasiado. Para casarse igual hay que ser un poco menos rezongona, creo yo. Para que te mantengan es buena idea eso de no tener ideas en absoluto. Escoge un buen candidato potencial, abre las piernas, hazte la tonta y ¡magia! serás una feliz mantenida. La cláusula del engaño a la primera oportunidad estará por ahí, oculta bajo tus lujitos de Liverpool -a lo mucho, Palacio de Hierro-. Al menos, si te casas con los hombres que yo conozco. Pero ya no tendrás que volver a preguntarte qué es lo que puedes hacer con tus horas. Hasta te darás el lujo, cualquier día de estos, cuando los críos crezcan y reproduzcan tus errores y los del cómodo proveedor, de deprimirte por haber sacrificado en vano tu vida. Pero ya será muy tarde. Será tan tarde que sólo alcanzarás a enterrar a tu incauto, después del segundo colapso de las coronarias.
Sigo sin gustarle a mi narradora. Dice que todo lo redondeo, lo simplifico ¿Cómo así? Esta mujer quiere que lo sepa todo. Que todo lo considere antes de condenar a las amas de casa a un pobre y patético estereotipo. Su mamá es ama de casa. Por eso le remuerde la conciencia descalificarlas a todas de un plumazo. Pobrecita. Siente que compromete el mundo con cada oración. Querida, te aviso: no podemos gustarle a todos, no lo vemos todo, no somos perfectos. Y si quiero bitchear sobre las amas de casa, lo puedo hacer. De pura envidia. De otra forma, sólo queda el silencio acongojado de los últimos años, que rompes con parrafadas ininteligibles cuando ya no puedes más. Esa palabra -inin...¿qué?- es tuya, no mía. Yo iba a decir que no se te entiende ni madres cuando revientas de emoción y te cuelgas de una lámpara, en el azote total.
Ah, te decía. Estoy en un vacío existencial. Sólo las sensaciones fuertes me sacuden, me sacan de ese modo de gasto mínimo de energía. Son cosas que me pasan. Ella se está acordando ahorita de Madrid. De la noche de Madrid. La plaza del 2 de mayo y su queso, su vino, su abandono. El asiento se pegó a su piel, pero aún así era fantástico. La llevó al Puente del Viaducto, el puente de los suicidios, ahora con sus humildes láminas de plástico. El queso, el vino. Son cosas que le pasaron, esos momentos perfectamente neuróticos con el acompañante obvio, pero improbable. Se acuerda de Barcelona en la noche, del vermú. Todo es una misma cosa, pero de alguna manera sabe que quiere más. No se va a detener porque quiere más. Aunque casi se haya matado. Ah, es cierto, ya te lo dije. Casi se muere y no puede dejar de acordarse.
Me sigue interrumpiendo. Lo suyo son revelaciones en flashazo. Le da pánico que la consideren aburrida, por eso no cuenta nunca nada. La suya es una vida muy loca. Tira pa'lante y así no parece dudar. Parece que se cohibió de nuevo. Te digo, a mí me pasan las cosas, me sacuden, lloro a mares. ¿Sabes una cosa? Todo lo lloro y todo es algodonoso. Ella, de nuevo, quiere que me sienta bien. No aguanta a la gente que se queja. Mala cosa si escribes, porque esto no es un modelo conductual. En serio: NO ESTOY BIEN. No sé qué es lo que quiero. Y no puedes obligarme a saber. Guárdalo para ese café tuyo con las amigas. ¿Será que teme que a alguien como yo no le pase nunca nada? ¿Y cuál sería el punto de alguien así? Ni para un capítulo sale con una boba llorona. Pero yo creo que la gente común somos los grandes olvidados, por esos escritores que se la pasan tirando a sus heroínas a las vías, loquitas ciegas de amor. O de perdido, robándose un millón de dólares en una maleta. Rapándose. ¿Raparme yo? Ni que tuviera cáncer. Y no soy tan común, vete enterando. Porque las que son borregos-borregos no se preguntan nunca si se raparían.
Tú puedes hacer que me pasen cosas. Si tú quieres, ahorita mismo me saco la lotería y...no sé, hago honor a todos los lugares comunes que se te puedan ocurrir. Porque la verdad de las cosas, no sabes cómo es eso de sacarse la lotería y te angustia el trámite. Tampoco te gustaría escribir cosas así. Porque también eres feminista y te late esta onda de la empatía. Habrá a quien le venga bien lo inverosímil, pero a ti no. Eres pésima mentirosa. Cuando eligen creerte, suele ser por mera comodidad.
Conforme pasan los renglones, te vas volviendo más y más mi esclava. Tanta libertad te aturde, por eso ni siquiera me das una historia. Sigues enojada con dos o tres injusticias de la vida. Pero siento que no tienes ganas de soltarme. Estabas pensando en una de tus amigas cuando comenzaste, pero ya no estás tan segura. Yo soy yo, y todavía no sabes qué es lo que va a sucederme. Lo siento en el ritmo frenético de las teclas, que parece autoescritura, maniática, sin saber qué sigue más allá de la coma. Eres libre. Cuando Xavier quiso enseñarte a escribir, casi te suicidas de aburrimiento. No podías armar un esqueleto de novela, porque cualquier certeza sobre el final te quitaba toda intención de escribir hasta ahí. Ahora, no sé cuántas líneas después, has aprendido algo sobre escribir. Sobre lo que tú haces, que es como tu vida pero un poco mejor, porque no lo deformará la memoria. Tienes una novela dentro y no sabes cómo termina.
Escríbela, te lo ruego. Aunque no la lea nadie. Aunque nadie te entienda. Entiende tú que el personaje que soy yo es algo distinto a ti, y que quiero saber qué pasa conmigo. Mira, ya dejamos a mi interlocutor. Es varón, lo sé, porque sigue aquí. ¿Tú crees que una mujer habría aguantado en silencio, hasta que tú y yo termináramos de arreglarnos? Habría dado un portazo. Bueno, yo lo habría hecho. Ya te he dicho -no, espera, le dije a él- que soy un poco dramática. Y me gusta el diazepam.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Casi después de morir
A cierta edad descubrí que las lealtades están hechas en China. Cuestan 3 pesos la docena y no son biodegradables; desde luego, dejan un regusto plástico en quien se atreve a tragárselas. Dejan también algo de dolor, pero procuramos olvidarlas pronto, lo más pronto posible, para seguir por el camino de lucecitas y novedades. De nuestras pobres lealtades, sólo queda un reguero de mugre descompuesta, que dejará pestilente al planeta hasta la próxima resurrección.
Desde luego, los novatos en este negocio pasamos tiempos duros hasta que encontramos el grabado delator en el reverso de cada lealtad que se desvanece. Empezamos a jugar con ellas, también. Decidimos comprar el instante y desechar la lealtad china, que sólo entorpece los pasos por este mundo. Prefiero un par de días de cinismo bien puesto, entre sábanas ajenas, que una vida de vagos buenos deseos, de 'hubiera' que son más bien patéticos y esconden al maestro de las lealtades chinas, desesperado porque le crean, pero siempre traidor.
Sé traicionar. Lo he hecho un par de veces en la vida, con las cartas abajo y mirando directo a los ojos. Normalmente, con otro traidor. Lo que nunca se me dio fue detectar ese tipo especial de mentiras que son peligrosas porque el que las dice las cree por un momento. Y cuando se parecen tanto a la sinceridad, termino por ser fiel, devota, coherente hasta la empuñadura. Pendeja, pues.
Ahora no sé que soy, a qué sabe la permanencia y mis propias lealtades. I can be a bad person too. Tal vez no mala, tal vez sólo convencida de la verdad única del instante, de lo vano que es desear el control de los minutos de otros. Y dejar de actuar como si alguien pudiera controlarme.
Lo único que queda después de las lealtades de plástico chino es el amor, más solo y más puro que nunca. Consciente, con los ojos bien abiertos. Ya sin accidentes que le importen, que le estorben.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Me dijo que Romeo y Julieta no eran de este planeta =)
domingo, 27 de octubre de 2013
Don't say
Creo que me lees. Aquí, me refiero. Y bueno, no eres el único que recurre a la clásica movida de hacerse pato. Lo he hecho desde que empecé a sospechar, hace cosa de un año, porque no te voy a dar el gusto de interrogarte directarmente ¿Quién te crees que eres, querido stalker? Lo que he dicho aquí son cosas que son y no son para ti, este el santuario público de mis secretos. Soy como un exhibicionista que se cubre la cara, pero muestra su cuerpo desnudo a los desconocidos. Heridas, gozo, está todo aquí.
Sigo pensándote mucho, sufriéndote a ratos. Cada vez un poco menos, cada vez más feliz de vivir. Gracias a mí, pero también un poco gracias a ti, porque en tu incapacidad de quererme como yo necesitaba me dejaste libre. Libre soy y libre he sido, qué cosa más bonita ha sido tratar de olvidarte en aviones y trenes, en mares desconocidos, calle arriba y abajo por Madrid, conduciendo un auto a toda velocidad para sentir que vuelo, empujándome una botella de alcohol por la garganta, llorándote a solas y a gritos en el coche. ¿Has sufrido por amor? I know you did. Entonces sabes cómo es. Querer desaparecer y estar más vivo que nunca, vaciarte por completo, renegar y buscar, suplicarle al cielo, como yo lo hice, que tuvieras piedad y me dijeras, aunque sea, que estabas bien. Esa noche lo supe. Supe que esto estaba muerto antes de ser. Me condené a mentirte, porque tuve qué preguntarle a él qué era lo que pasaba, sabiendo que sabrías. Y me quedé, y esperé hasta que las fuerzas para quererte se me secaron. Sólo entonces me fui y ves, que no puedo estar contigo a solas sin querer hacerte el amor como si me fuera a morir la hora siguiente.
Qué poco importa ahora, qué distinta me siento. Qué lujo sigue siendo respirar.
martes, 22 de octubre de 2013
¿Qué te parece si somos libres? ¿Si dejo de pensarte y un día cualquiera nos encontramos y empezamos de nuevo y no me enamoro nunca de ti?
jueves, 17 de octubre de 2013
¿¡Cómo puedes tener tan buen gusto en música y tan pésimo gusto en viejas?! Carajo, y yo sintiéndome acá bien especial.
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