domingo, 27 de octubre de 2013

Don't say

Creo que me lees. Aquí, me refiero. Y bueno, no eres el único que recurre a la clásica movida de hacerse pato. Lo he hecho desde que empecé a sospechar, hace cosa de un año, porque no te voy a dar el gusto de interrogarte directarmente ¿Quién te crees que eres, querido stalker? Lo que he dicho aquí son cosas que son y no son para ti, este el santuario público de mis secretos. Soy como un exhibicionista que se cubre la cara, pero muestra su cuerpo desnudo a los desconocidos. Heridas, gozo, está todo aquí.

Sigo pensándote mucho, sufriéndote a ratos. Cada vez un poco menos, cada vez más feliz de vivir. Gracias a mí, pero también un poco gracias a ti, porque en tu incapacidad de quererme como yo necesitaba me dejaste libre. Libre soy y libre he sido, qué cosa más bonita ha sido tratar de olvidarte en aviones y trenes, en mares desconocidos, calle arriba y abajo por Madrid, conduciendo un auto a toda velocidad para sentir que vuelo, empujándome una botella de alcohol por la garganta, llorándote a solas y a gritos en el coche. ¿Has sufrido por amor? I know you did. Entonces sabes cómo es. Querer desaparecer y estar más vivo que nunca, vaciarte por completo, renegar y buscar, suplicarle al cielo, como yo lo hice, que tuvieras piedad y me dijeras, aunque sea, que estabas bien. Esa noche lo supe. Supe que esto estaba muerto antes de ser. Me condené a mentirte, porque tuve qué preguntarle a él qué era lo que pasaba, sabiendo que sabrías. Y me quedé, y esperé hasta que las fuerzas para quererte se me secaron. Sólo entonces me fui y ves, que no puedo estar contigo a solas sin querer hacerte el amor como si me fuera a morir la hora siguiente.

 Qué poco importa ahora, qué distinta me siento. Qué lujo sigue siendo respirar.


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