miércoles, 19 de mayo de 2010

Work anger

Ok...
Odio a todos y cada uno de los litigantes pendejos que en sus pinches demandas de amparo usan expresiones ridículas como "el derecho, aunque se pretende ocultar, está de parte de aquel que acoge y ampara la ley."

Lo que me gustaría decirle al imbécil que les está tomando el pelo a los incautos que le confiaron su asunto es que ni tiene derecho, ni la ley lo ampara porque lo que están haciendo sus clientes es completamente-pinche-ilegal. La ley tampoco lo acoge, como mucho, se lo coge, y parado, porque al hijo de toda su pinche madre le va a ir taaan mal en la sentencia...

Encima, tardo cuatro veces más en responder pendejadas que en conceder la razón a una demanda bien fundamentada.

Pinches abogados...

Dios los libre de que alguna vez sea juez...

sábado, 15 de mayo de 2010

I just wanna be ugly
So they won't break my spine again
You know
It's crushed
I couldn't take it anymore
So
I am a boy
I'm ugly

María (2)

Trabajaba en el mercado. Era muy joven para ser admitida en la zona industrial sin peligro de caer en la explotación infantil, a decir de los de recursos humanos.
Así que se gastaba la columna vertebral en el sótano húmedo donde se apiñaban los comercios de abarrotes.
No pensaba mucho en sí misma durante los meses previos a la gripe que parecía silbar al cabo de dos semanas sin descanso.
Un sábado particularmente asqueroso (cientos de mujeres en diciembre, tratando de comprar a granel su cena navideña) se dejó caer sobre un costal de papas y suspiró. Parecía un muchachito, con la camiseta holgada, los jeans y las eternas botitas de obrero que parecían de juguete en ella. La otra chica, Lorena, brillaba misteriosamente bajo la mugre y el sudor. La invitó a un bar.

Así descubrió el inmenso rito de fin de semana en que se convertía la ciudad. Fue a casa y sustituyó su uniforme por una camiseta igual de holgada, pero limpia. Sin maquillaje y sin pretensiones se dirigió al lugar.

Era un bar no del todo sucio, pero algo oscuro, sin sexo en el aire. Ahí acudían los inhaladores de toxinas cotidianos, a escupir su frustración contra los cuatrocientos pesos a la semana que valía su vida. Le gustó.

...no tengo tiempo de cambiar mi vida
la máquina me ha vuelto una sombra borrosa...

lunes, 10 de mayo de 2010

María

La noche no era distinta entonces. Sólo era más insistente el calor y los ruidos salvajes de un afuera dependiente de la pared de bloques huecos se sentían un poco más cerca.

Olía a las cinco de la mañana. Un minuto o dos antes del despertador, ella se incorporó de la esponja que separaba su espalda de la base metálica y encendió el calentador. Tres cucarachas tamaño ratón salieron delante de la flama habitual.

Aquella vida implicaba cerrar los ojos sin mucho romanticismo, a pesar de lo que se diga de la escasez...

Sacó el uniforme sin planchar y dejó que el pelo húmedo y enredado le mojara la camisa. Se calzó las botas con un dejo de entusiasmo y empezó a narrar en tercera persona cada una de sus acciones matutinas, que implicaron la carencia de leche, que se le olvidó comprar la noche anterior.

A las seis en punto salió con el cd de Nirvana y le tuvo sin cuidado cada una de las miradas amenazantes de los automovilistas ante su figura pequeña y delgada, fantasmal a esa hora.

El camión de Industrias se detuvo con el tiempo justo y ella saltó para evitar un charco añejo. Le gustaba salir temprano, no por que amara la puntualidad, sino porque detestaba la cercanía de otros seres humanos. Prefería el autobús semivacío de las seis quince, escoger su lugar en el salón de clases y esperar, sin ganas, a que dieran las siete y ella pudiera tener en qué pensar para sobrevivir otro día en la ciudad gris de septiembre, en el edificio verde bilis que era su refugio.

No conocía a Marx más que de lejos, pero sospechaba que doce horas entre escuela y trabajo no son lo común a los quince años. Esa noche empezó a beber.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Espera un poco, un poquito más...
Para llevarte mi felicidad
Espera un poco, un poquito más
Me moriría si te vas

Qué puedo decir. José José es grande

domingo, 2 de mayo de 2010

En aquellos días, miraba el atardecer de la sierra y esperaba. Los días pasaban cada vez más distintos de ti, mis contornos eran cada vez más míos.

Tenía una tristeza de pocas palabras, era más de ahogos y de sueños crueles. No estaba muy viva que digamos; era un pájaro eternamente mojado y hambriento. Es lo que más recuerdo de aquellos días, además de los lugares que se fueron haciendo comunes en mi vida cada vez más inhóspita.

Casi siempre encontré mi lugar en un rincón que nada tuviera que ver con nadie. Mi hogar se hizo de dos tablas cruzadas y un jabón, la vida se enraizó, silenciosa, en algún punto de mi consciencia. Me he quedado un poco gorda, un poco insensible y automática, sin voz.

Simplemente sucede que necesito desesperadamente algo hermoso y todo es demasiado caro e inalcanzable.

Empieza aquí, todo mi porvenir es agua pasada. Pero yo me voy, de cualquier forma me voy.

martes, 6 de abril de 2010