jueves, 14 de julio de 2016

14-07-2016

Yo escribo siempre desde un limbo: el no-lugar de quien no escogió bando, una lectora desordenada, asistemática, que no puede sentirse intelectual ni tecnócrata, porque le falta el eje de la teoría y se niega a hacer cualquier cosa que no sea un disfrute.

Tengo el alma empeñada, pero nunca la vendí. Eso lo sé porque cada vez sigo siendo capaz de encontrar calma en la maraña de reglas, ejercicio casi lúdico que le da sentido a los días pasados frente a la pantalla, pensando, siempre dándole vueltas a la existencia: la mía, la tuya, nuestra relación que poco a poco deja de ser una simbiosis.

Me avergüenza que esta sea una de mis pasiones. ¿Cómo podríamos decirlo, sin usar un lenguaje hosco, frío, realmente feo? Creo que no se puede. Sólo si me piensas un poco ingenua, un poco cínica también y al tiempo. Sólo así podrías entender que cobre un sueldo mejor que cualquier beca y me deslice con cierta placidez en el placer del café y el escritorio matutino, pequeñas conquistas en un sistema que por pura coincidencia supe descifrar.

Leí a Natalia Ginzburg, sobre las pequeñas virtudes. ¿Alguna vez te han dado ganas de aplaudir después de terminar un artículo? Así me pasó. Esta mujer supo poner en palabras justas, exactas, lo que siento yo hacia ti, hacia mí, en este peculiar mundo que se ha formado desde que existimos juntos.

Si alguna vez soy incapaz de decírtelo, busca el ensayo. Esos son mis deseos para ti. Libre frente al dinero, frente a las pequeñas cosas, apasionado, lleno de amor a la vida. Ignorante de tu propio bolsillo. Deseo para ti lo que he obtenido para mí: esa indiferencia a la fecha en que depositan el salario, que importa pero no tanto, porque para lo esencial alcanza. Porque las mañanas siempre son espacios para entender cosas nuevas, apasionarme y renegar; porque así llego a encontrarte, lista para zambullirme en tu mundo, para ver las cosas a 75 centímetros del suelo.

No me importa si triunfas o fracasas. Me importa que nadie, más que tú, determine tu camino. No te voy a mentir: es un poco solitario así. Puede que te resulte difícil encontrar con quién ser tú mismo, en tu banalidad y en tus profundidades, que tus elecciones sean cuestionadas. Pero valdrá la pena: lo sabrás porque serás capaz de disfrutar tus días, aunque los sufras.

Bienvenido a la vida una vez más. Que se te colmen los sentidos y el alma.

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