jueves, 2 de agosto de 2012

Redención

Durante cuatro años, fui dejándome recados en esta pared.

Y viví una vida que no encuentro entre los retazos de mí que salvé de la desagracia cotidiana. Siempre estuve aquí, siempre fui yo después de todo.

En esta noche solitaria e insoportablemente burocrática (of course) me ha dado por descubrir que la otra estuvo esperando siempre, a que dejara de mentirme a mí misma, desesperada por encontrar otro en el mundo a quien pudiera darle todos estos secretos, que se me fueron pudriendo adentro a fuerza de vergüenza y temor a la soledad.

Pero aquí estoy de vuelta, he regresado a la desnudez y la soledad, a mirarme a los ojos sin mentirme más.

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