De pronto la vi. Noté la atipicidad del rosa brillante en su falda y los tacones de charol en su cuerpo terroso. Apretaba ansiosamente el bolso decorado con chaquiras mientras aceleraba el paso, para dejar atrás las fauces del ruinoso edificio que se anunciaba cínicamente como "Hotel Brasil".
Al cruzar frente a la puerta, mis ojos tropezaron con la bragueta sucia de su último cliente, tironeada por los dedos torpes de borracho que intentaban cerrarla antes de pisar la acera. Me sonrió, y no pude evitar una carrera llena de asco, perseguida por mis propios demonios.
1 comentario:
tssssss me gustó un resto
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