“Afuera estaba el ruido de los autos que pasaban a distancia, afuera estaban las luces que se encendían ante el crepúsculo...afuera la gente que seguía con sus vidas, afuera estaban ellos, quizá en el cine, quizá se tomaran de la mano.
Pero ella miraba todo desde dentro, a través de las cortinas amarillas que puso ese día en la sala inmaculada a fuerza de neurosis, de evasión.
¿Cómo había llegado hasta allí, cómo se salta de la relativa felicidad a la miseria en menos de cuatro meses? Ella era otra. Era pelirroja, y todo en su mundo resplandecía, todo en colores, lleno de respuestas sencillas, de aprobación. Su paraíso. Él entró, y Eli creyó que el amor era justamente eso, ese paraíso inacabable de donde la habían expulsado sin una sola buena razón. Un edén con el ángel vengador más anodino y más pendejo posible. La tomó desprevenida, pero el caso es que las estrellas se ocultaron, se le perdieron. Ahora usaba el pelo rubio, se dibujó una estrella en el vientre, pero nada se iluminaba. Él se fue con esa bruja, y se llevó todas las seguridades de la vida anterior. ¿Cómo pierde una princesa ante un plebeyo sin chiste? La dejó en universo donde la fealdad y la tristeza eran posibles, sin importar los kilos de ropa bonita que le pusieras encima. Hacía frío allí, había soledad y preguntas sin respuesta. Estaba oscuro.
Chris Martin la entendía a la perfección, la consolaba desde esa canción repetida una y otra vez: “oh, take me back to the stars”. Pero no había nadie capaz de llevarla de nuevo hasta ahí. Lucio se había ido, y la había alejado. Limpiándose la nariz, se incorporó lentamente del sofá. Buscó en la bolsa de Liverpool, ahí estaban. Sacó el paquete y fue hacia su habitación. Sin poder evitar los sollozos, ni las mejillas húmedas, las fue pegando poco a poco en las paredes, en el techo, en su cabecera. “Oh let's go back to the stars”, susurró, con la vocecita enronquecida de dolor. Se tendió en la cama, a oscuras. Sus estrellas brillaban, pero parecían estar horriblemente lejos. No podía alcanzarlas...pero tenía que regresar hasta ahí, de algún modo. Volver a su mundo. Recuperar sus certezas, sus colores. En el buró había un par de frascos de píldoras que desaparecieron gentilmente en su garganta. Unos minutos después, en la oscuridad, redescubrió a sus estrellas.”
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