Para contextualizar, diré que la conocí unos meses antes de que le saliera el busto, y de que empezara a cubrir su bonita cara con un fleco. Ahora, espera impaciente por la prepa que la libere de su escuela de soya. Mientras tanto, hace algunas incursiones al mundo real más próximo, que se materializa en forma de cortos, sexo, alcohol, algunas drogas ilegales y dos o tres obras de teatro.
Hoy llegó temprano para una cita concertada con un director de pornografías fílmicas de tres minutos, barnizadas de pretensión; me encontró secando vasos atrás de la barra. Se tomó un frapé, me contó del tipo. Expresé mi escepticismo acerca del “proyecto”, me arrojó un vaso de papel a la cabeza, con mala puntería.
Ahora están a la mesa en cuestión, y él bebe espresso tras espresso mientras trata de convencerla de la profundidad artística de encuerarse frente a un montón de gente con cámaras y montárselo con otra chica. Me pregunto si él sabe que la muchacha que se come con los ojos apenas pasa de catorce, porque por más cara de depravado que tenga este hombre cuadrado y apestoso a colonia de tianguis, no puede ser tan estúpido.
Ella ríe. Me ha dicho que le asquean los tipos que la acosan, pero quizá es que ya descubrió lo difícil que es resistirse al deseo ajeno. Más que desear, ser deseada es droga dura, como dice un tal Velasco en la maquillada boca de una tal Violetta. Pone, se resbala al interior de una, y así es como he acabado aflojándole a los tipos más impensados. Ellos parecen sacados de uno de esos viejos comerciales de “ojo, mucho ojo”; claro que a mí me correspondería ir en este momento hacia su mesa, y sacar a la señorita Cantoral de la cueva lobuna en la que se está metiendo. Pero yo no tengo vocación de ángel de la guarda. A lo mucho, llego a diablo guardián.
2 comentarios:
nos conocemos del cafetal?
No chingues, éste está más perrón jajaja ya mejor debería leer todos y ir haciendo los comentarios después ja
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