Hay gente en este edificio que no soporta pensar que fue concebida por gente que no terminó la primaria, o que antes de usar camisas de mil pesos en este trabajo pretencioso y pedero tuvieron que servir café o empacar cosas.
Hoy, esas penurias (y más que las batallas, el soundtrack) me ayudan a recordar quién soy, que no nací aquí, que no pertenezco... que siempre sabré tocar el piso.
Ahora voy a hacer esa pinche reclamación.
Es tan extraño...qué normal soy, con este odio a mi gremio.
Es tan extraño...qué normal soy, con este odio a mi gremio.
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