jueves, 7 de agosto de 2008

That was hardcore

Cierro los ojos, y me hace una puta pinche inmensa falta ponerme a llorar decentemente. Vete a saber por qué, averíguamelo. O desaparece, fúndete en la madrugada sin fin de mi desmemoria, vete, llévate mis inexplicables impulsos de aullarle a una luna que no veo, que ni conozco.

Quítame estas moraduras del cuello, de los muslos, de los senos. Tus dedos y mis dedos, entrelazados entre la mugre de tu cama, nada se dijeron. No soy la que crees, ni la que odiaste. Quizá sí, sólo ahora, después de tanta furia.

Muérete de una vez, o mejor, vuélvete al vientre de tu madre. Retrocede hasta el orgasmo de tu padre, extravía el camino hacia el inicio de tu vida. Y, mi muy amado, si no puedes evitar tu propia existencia, ten la gentileza de pretender nunca haberme conocido, porque esas horas nuestras de canibalismo me dejaron unos deseos incontrolables de sacrificarte, entera, mi sangre.


2 comentarios:

TOMADOR ASIDUO dijo...

Mujer, supongo que no te conozco, pero que me gusta un chingo la forma en que letreas tus viajes. Seré ahora un lector frecuente de ellos.

Aleita! dijo...

Suficiente ira para mí, incluso un poco más. Muy bueno.