Este lugar es -lo he dicho antes- santuario, casa, dormitorio, motel. Sobre todo cuando estás alrededor y existen esas complicidades, delicadas como burbujas de jabón, que hacen coincidir nuestras miradas y alientan un efímero "nosotros", que muere cada día y se construye otra vez, de cenizas vacilantes. Y nunca sé si mañana encontraré tus ojos cálidos, dispuestos. O si mañana, por fin, sea el día en que de verdad comience a perderte y tenga que dejarte ir, hacia una vida sin lado B, en la que por fin te conviertas en el hombre que ella te pide que seas.
La verdad es que yo te pierdo, porque soy quien más desea tenerte. Yo me quedo sin ti, como quien se queda sin aire, languideciendo poco a poco, con este amor luminoso que ni tú ni to nos merecemos y que traigo adentro como una criatura, nutriéndose de mi centro.
Odio que me hablen de ti, de tus secretos. Porque esa figura tuya de los relatos ajenos no se parece en nada a la parte de ti que se conjuga conmigo y de pronto suelta una verdad como una pena y una eterna contradicción... hoy no vendrás y este lugar me consuela, porque sin ti se vuelve un silencio limpio que no me pide explicaciones por las lágrimas, las vacilaciones, los suspiros. Que de pronto es lo que es, un sitio para escribir las soluciones por las que me pagan.
Qué adorable es celebrar tu ausencia. Como un velorio con fuegos artificiales.
Qué adorable es celebrar tu ausencia. Como un velorio con fuegos artificiales.